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viernes, 11 de febrero de 2011

Pentagrama

CAPÍTULO 2. Re

Tras llamar a Martín, Lucas se vistió y salió de casa rumbo a la “Máquina del Tiempo”, un garito a donde, hasta hace un tiempo, acudía con asiduidad. Iba tarareando por el camino a Leonard Cohen cuando sonó su móvil.

  • ¡¡Tío!!- era Ernesto. Parecía excitado.

  • Ey, Ernesto, dime.

  • ¡¿Has visto el golazo de Figo?!

  • No, tío...

  • Ha sido un... ¿y eso? ¿Dónde estás?

  • Eee, he salido a comprar algo para desayunar mañana, me he dado cuenta que no tengo nada.

  • ¡Qué despiste! Mañana cuando vaya te ayudaré a ordenar la casa, que la soltería no está reñida con la pulcritud, mamón.

  • Vale, pero no vengas pronto, que seguramente me quede viciándome hasta tarde...

  • ¿Y tu examen?

  • Ay, Ernesto...

  • Entiendo que no te puedas concentrar en sacarte esa asignatura tan horrible pero... hagamos una cosa no te mareo más si presentas a la editorial que te dije el libro que escribiste a raíz de tu primer disco.

  • ¿”El exilio”?- pregunta Lucas ya a medio camino.

  • Sí, me encanta el personaje del militar veterano. Ese y el del informático, ¡a pesar del drama te ríes con el friki ese! Tiene golpe muy buenos. Y el final es genial, ¿hay trato?

  • Vale, pero hasta la recuperación del examen no quiero oírte hablar más de mi carrera, ¿eh?

  • ¡Bien!- Lucas resopla mentalmente por habérselo quitado de encima.- yo me encargaré del papeleo y demás.

  • Espero que como criminólogo seas tan bueno para conseguir lo que te propongas, porque vamos...

  • Los de ciencias somos así...- ríe Ernesto.

  • Bueno te dejo, que voy a entrar al supermercado.

Lucas cuelga y ve el semáforo en rojo justo a tiempo. Un coche pasa a toda velocidad a un paso de él. Alguien grita palabras malsonantes al ya lejano conductor. Cuando se vuelve a ver quien es, Lucas ve en un parque a una pareja besarse con fogosidad. Aparta la vista rápidamente, aunque algo le incita a seguir mirando. Por suerte el semáforo vuelve a ponerse en verde. Otra pareja se besa juguetona apoyada en una farola. Lucas pasa por su lado y gira la esquina...

  • Buenas noches- Lucas se sobresalta.

  • ¿Sería tan amable de cederme su cartera y su chaqueta?- dice un segundo hombre sonriendo.

Las pequeñas y huesudas manos de Lucas comienzan a temblar, los dos hombres son más altos y corpulentos que él -cosa no demasiado difícil-.

  • ¿Estás sordo, rubiete?- tiene acento del este.

  • No, no...

  • Buh!- el más mayor hace un amago de golpearle con el puño y Lucas se cubre asustado.

  • Jajajaja, niñato...-el otro saca una navaja e insiste- vamos, sin tonterías, chaval: las cosas...

  • ¡Eh, vosotros!- no se ve a nadie debido a la oscuridad.

  • ...- el hombre desarmado se gira temiéndose lo peor.

  • ¡Largaos a otra parte a joder, venga! Este viene a “La Máquina”

Los dos hombres se miran, dejan a Lucas y giran la esquina para echar a correr después.

  • ¿Te asustaste?

Lucas no contesta, está comprobando si se ha llegado a mear encima: parece que no. Está sudando a mares. Anda hacia la puerta del antro al que solía ir y acaba por ver a Martín.

  • ¿Quienes eran?

  • Unos putos inmigrantes, esto se está llenando de moros y rumanos. ¡Vamos entra, tío! Cuanto tiempo sin verte, me alegra que te acuerdes de tus amigos de vez en cuando- dice empujándole hacia dentro del garito.

A penas entran la música se le mete en el cerebro a Lucas, un zumbido atronador y molesto capaz de desquiciar a cualquiera. Pronto empieza a toser a causa del humo, que forma una densa niebla sólo atravesada por los estrambóticos focos. Tropieza con varias personas que, en estado de trance, no le prestan atención. Finalmente llegan a la zona VIP. Martín atraviesa la cortina y Lucas le sigue.

Allí ve algunas caras conocidas, aunque a causa de dos exuberantes prostitutas bailando sobre ellos nadie se percata de su presencia. Atraviesan una segunda cortina y Martín se sienta tras una mesa y abre un cajón mientras comienza a hablarle.

  • ...- al principio Lucas no entiende nada, todavía le vibran los oídos- y yo le dije: ¡vete a la mierda! Jajaja. Que quieres que te diga Lucas, ya lo sabes, la vida es una mierda, hay que aprovechar el momento porque no sabes cuando te vas a morir, para dos días que vivimos mejor vivir a tope y experimentarlo todo. Siempre hay alguien mejor que nosotros que nos chafa y nunca llegaremos a ser nadie... - Lucas comienza a sentir dolor de cabeza de haber andado tan deprisa entre los fogonazos de luz- tú lo sabes mejor que yo, la música no te da de comer. Yo... bueno, al final queda el dinero, las de ahí fuera no se van con otro que no seas tú si tienes pasta. Es un idioma universal. ¡Esas rumanas si que hacen un buen trabajo no como esos cabrones que intentaron atracarte antes, ja! Bueno que siempre me voy por las ramas... ¿quieres una de ellas?

  • No, no...- balbucea Lucas, que empieza a preguntarse por qué ha vuelto.

  • Siempre tan remilgado, ya sé para que has venido entonces... tranquilo, no haré preguntas, somos amigos- le guiña un ojo- nada de recriminarnos cosas entre nosotros. Aquí estoy para escucharte y ayudarte... - Martín le ha preparado una raya- Como hace tiempo que no te veía ya, a la primera invita la casa. Oye, ahora vuelvo...- Martín se levanta de pronto, desestabilizando el centro de atención de Lucas que cree que en ese cuarto no hay gravedad por un instante.

Tras la cortina se asoma una mujer vestida únicamente con un tanga, Martín desaparece con ella dejando solo a Lucas.

El chico se sienta aun confuso. La línea blanca permanece ante él. ¿Otra vez allí? No ha olvidado lo sucio que se sintió la primera vez todavía. Lo que se castigó al día siguiente, y al siguiente, y al siguiente... También se castigó después de su segunda vez, y de la tercera... ¡si se enterara Ernesto de que estaba allí! Quiere levantarse y largarse, pero algo se lo impide... la foto del comedor se proyecta en su cabeza sin previo aviso. Comienza a escuchar de nuevo las palabras de Martín, como su eco... cuando menos se lo espera sus sentimientos y pensamientos más negativos le han invadido... quiere salir de allí, pero sus piernas no le obedecen. Él no merece vivir, él no es nadie, ¿Lucas? Un perdedor, un pringado que perdió a la chica más maravillosa del mundo...

“Es una zorra”


“No lo es”


“Ninguna te quiere, morirás solo y sin saber qué es eso”


“¡No!”


“Llevas siete años tratando de sacar una carrera de mierda”


“Pero he hecho otras cosas”


“¿La música? No eres nadie ni tienes a nadie”


“Sí, tengo... uf, vale tú ganas. Es verdad... no quiero luchar más, no sirve de nada...”


“Tu traje ha de ser el pijama”

Levanta la vista... la raya de cocaína ya no está...

  • Joder, ¿qué he hecho? Prometí a Ernesto y a Mateo no hacerlo más... - había empezado otra vida con gente como Toni, tan ingenuo en estos temas como un recién nacido. “Buscando la muerte sobrevivirás tras haber matado a todos”: recuerda las palabras de alguien de quien ahora no recuerda su nombre.

“Sube al segundo piso,

busca un sobre,

encontrarás mis confesiones,

hay un pentagrama, acaba tu la melodía,

dejé mi corazón en el tercer cajón,

mi cerebro en la nevera

y mis manos en el piano.

Sabrás reanimar mi corazón,

darás buen uso de mi cuerpo,

pero recuerda que en la entreplanta guardo nuestros sueños.


Baja al primer piso,

busca la pluma que solía usar,

escribe tus deseos que los cumpliré,

puedes creer en la magia,

ella me llevó hasta ti.

Abre la caja de música,

cantaré por las promesas que te debo.

Me he ido con ella, perdona,

nunca fui un valiente

pero recuerda que en la entreplanta guardo nuestros sueños.”

Ante la inspiración repentina, Lucas sale del antro corriendo rumbo a su casa. Evita dos veces ser atropellado de milagro. Su cabeza y su cuerpo corren en direcciones opuestas. ¡Vuelve a tener chispa para componer!

lunes, 31 de enero de 2011

Pentagrama

CAPÍTULO 1. Do

La última vez que había mirado el móvil marcaba justo un minuto menos que ahora. Cogía la guitarra una vez más cuando Ernesto irrumpió en la sala de grabación.

  • Oye, que yo me voy.

  • Tranquilo, ya recojo yo, no hagas esperar a tu madre.

  • Gracias, tío. Te debo una.

  • Nada, ven a verme mañana que seguro que tendré un par de estrofas más.

  • Eso está hecho. Y el concierto del viernes, insisto, una pasada.- tras recibir a modo de respuesta una sonrisa, Ernesto cierra la puerta y sale con prisas.

  • Veamos, me quedé en... “y diez minutos contigo es toda una vida”- antes de retomar la canción vuelve a mirar el móvil... efectivamente: ha pasado otro minuto.

Lucas es compositor, al comenzar sus conciertos suele imitar al pato Lucas -se le da bastante bien- para romper el hielo. Ha conseguido convertir en virtud uno de sus principales traumas, de pequeño le cogió manía al pato de marras por culpa de sus compañeros de clase y sus continuas burlas. No era un nombre muy afortunado -o eso había pensado él- pero ahora con la gracia conseguía conectar con un público que cada vez iba creciendo más. Algunas salas comenzaban hacérsele pequeñas.

Estaba mirando la portada de “The Essential” de Bob Dylan. El día anterior había estado viendo una película sobre la vida del cantante, su inspiración había sufrido un paréntesis y buscaba un estímulo externo. Desde que había montado en su casa su pequeño estudio de grabación, la calidad de sus letras había disminuido. O eso sentía él. Vuelve a hacer sonar los primeros acordes del tema.

  • Espero tu llamada como... -para de entonar- pufff, no hay manera...- el joven deja la guitarra en el suelo y sale de la sala.

Sobre la mesa del comedor sigue el libro de estadística, lleva arrastrando la asignatura desde segundo. Come un trozo de pizza y se abalanza sobre el sofá desganado. Se quedaría allí sin moverse, le apetece darle la espalda al mundo durante un tiempo... pero no hay nada ¿peor? que sentirte obligado a seguir. Golpea con el puño cerrado un cojín intentando motivarse y levanta la vista para mirar el reloj de la pared: 19:55. De pronto se aclara la voz.

  • Vivo pendiente del tiempo- canta imaginando las notas- espero tu llamada, quiero oír tu voz, “estoy bien”, dame cinco si diez son muchos, porque diez minutos contigo es toda una vida. -sonríe- ¡eso es!- la repite mentalmente otra vez y vuelve al estudio.

Entra sorteando el cable del monitor y el pie de micro de Ernesto y recupera la guitarra.

  • Son las 19.57- dice mirando de reojo el móvil y punteando con la púa- aun no me has llamado... -rasguea con ritmo y sigue- vivo pendiente del tiempo, espero un timbrazo, ¿pasó algo?, sólo un “por aquí todo bien”, dame tres minutos si diez minutos son muchos, porque diez minutos contigo es toda una vida.

  • Deja todo atrás, mira lo que puedes obtener no lo que puedas perder, sé quien quieres ser: no vas a caer. No cambies, no busques más fórmulas, no esperes el momento, éste es el momento, son las -ojeo de nuevo la hora que marca- 19.59: dame un minuto contigo, me basta para llenar el corazón.

  • Ni los goles del 'Piojo', ni las pelis de Tarantino... un minuto contigo- baja el tono de voz manteniendo el compás- ni los libros de Reverte, ni los temas de Calamaro... un minuto contigo...

  • Pip- el reloj de su habitación marca las ocho de la tarde.

  • Uff...- suspira más aliviado- esto está mejor. ¡Desde arriba!- gira 360º el instrumento y empieza a chasquear los dedos.

  • Hoy me enfadé otra vez viendo la televisión, salía Aznar, hoy me compré otro tomo para variar... pero no puedo llevar esta canción a buen puerto si contigo no puedo hablar.- toma impulso y hace sonar la guitarra- Cuéntame, qué ronda por esa cabeza, qué te hace vacilar, dime si es que mi afición por el gore dejó de gustarte o es que te equivocaste de decisión, pero dame diez minutos para volver a sentir una vida. Porque diez minutos contigo es toda una vida...

Justo una hora después, a las 21:00, Lucas se encuentra recogiendo todo el material y ordenándolo. Por toda la casa suena 'Like a Rolling Stone' de Dylan. Síntoma de que está de buen humor. Se acaba la pizza, se sirve un vodka con naranja y quitándose las zapatillas se sienta en el sillón con el mando de la Play en la mano. Justo cuando el logo de Naughty Dogs aparece en pantalla suena el teléfono.

  • ¿Si?

  • Tío... no sé nada de ella...- se oye al otro lado del teléfono.

  • ...- Lucas pone los ojos en blanco, es el pesado de Toni, el de las camisetas a cuadros. Se muerde la lengua para no decirle que igual es por sus camisetas horteras.

  • Creo que ya no me quiere... ya no pasa tanto tiempo conmigo, parece que le da igual.

  • A veeeeer, ¿qué ha pasado?

  • En verdad nada, pero...

  • ¡Eres un neuras! ¿Has estudiado? Yo no, y no puedo permitirme suspender más.

  • Claro, lo llevo bien, pero... Lucas, yo la quiero pero la noto distante, no sé que hacer...

  • ¿Se lo has dicho?

  • … ¿y si se molesta y son paranoias mías?

  • Joder...

  • ¿Qué harías tú?

  • ¡Yo que sé!

  • Tú escribes canciones así a veces...

  • ¿Y? Y casi ninguna va dirigida a nadie, sólo trato de ponerme en lugar de alguien. O salen así sin más.

  • ¿No son autobiográficas?

  • Por regla general, no.

  • Pues vaya...- la conversación se estanca.

  • Oye, que si no quieres nada estaba ocupado- dice dándole al “play”.

  • Mira que eres borde a veces...

  • Venga tío, hablamos- y cuelga.

“Estás huyendo, no te mientas” dice una voz dentro de él. Sacude la cabeza para seguir jugando pero entonces su mirada queda fijada en un marco que hay sobre un pequeño mueble del comedor. En la foto hay una chica abrazándole desde detrás. El rostro de Lucas cambia... queda serio.

  • Game Over- dice una voz con tono perverso.

  • ¡Mierda!- dice retomando la partida- ¿cómo se saltaba más alto?- pausa el juego y comienza a registrar en la caja. Ojeando el manual cae un papel con un número...

“670879915 → Martín”

Lucas queda con los ojos bien abiertos ante el descubrimiento... ¿no había roto todo lo relacionado con Martín? Sin poder evitarlo echa una fugaz mirada al teléfono... seguramente Martín estaría en la oficina redactando alguna noticia para el día siguiente...

  • Si le llamo lo cogerá, seguro.- su mano se alarga hacia el auricular a pesar de hacer esfuerzos por no hacerlo.

viernes, 17 de diciembre de 2010

LAILA

CAPÍTULO 2

Los primeros rayos de sol, asomando por las rendijas de la persiana, sorprendieron a Alberto masturbándose. Había soñado con Laila y se había despertado con una enorme erección, normalmente hubiera ignorado a su pene pero lo había rozado con su mano sin querer y éste había reaccionado al estímulo. Era extraño, había perdido las ganas de cualquier actividad sexual desde hacía ya incontables meses pero el caso es que ahí estaba. Desplazaba su mano a intervalos regulares y cada vez más rápidos motivado por el placer que le ocasionaba. Excitado, llegó un momento en el que no pudo frenar sus impulsos y comenzó a actuar por convulsiones instintivas y orgásmicas. Su rostro se desencajó al tiempo que un sentimiento de tristeza le invadió. Cuando, en el climax, el semen salió expulsado sintió como si un millón de agujas salieran de su prepucio. Tras el éxtasis se sintió sucio, solo y desgraciado. Sudando pero relajado acabó por volverse a dormir.


Leonor estaba en el comedor sirviendo el desayuno a todos cuando él llegó a la cocina. Se sirvió un vaso de leche y en ese preciso momento entró ella. Jovial, con una goma sujetando su larga cabellera morena en una coleta. Nadie diría que habían tenido el día anterior aquella conversación.


  • ¿Quieres que te traiga una magdalena, una ensaimada, un croissant, galletas...?

  • Una ensaimada, por favor.- Alberto aun le daba vueltas al dolor que había sentido. No había sido físico...


Leonor salió al comedor por la puerta de la izquierda y los presentes levantaron la cabeza.


  • ¿Se ha levantado ya Berto?- preguntó Marcos

  • Sí, está en la cocina- dijo agarrando una ensaimada.

  • Dile que salga, hombre.- pidió la única rubia del grupo.

  • Ya le conocéis... es muy suyo con la gente y en general.

  • ¡Pero somos nosotros!- exclamó Javier


Leonor le respondió con una agradable sonrisa a modo de disculpa y se volvió hacia la cocina apretándose el cinturón del batín. Alberto tenía en su mano derecha el vaso de leche y lo miraba mientras pensaba en algo.


  • Estás ensimismado- dijo besando sus labios de pronto.

  • Ey- dijo volviendo al mundo real y ubicándose de nuevo.

  • Aquí tienes: la ensaimada.- Alberto volvió a llenarse el vaso de leche.

  • Gracias- dijo esbozando una triste pero bonita sonrisa.

  • ¿Qué te parece si...?- sugirió ella desatando su batín marrón muy sensualmente.

  • Leonoooor...- dijo en tono risueño recriminatoriamente para no ser brusco.

  • Jooo- imitó la queja de una alegre niña pequeña. Alberto recordó la sensación anterior y le invadió la tristeza.

  • Voy a vestirme- dijo tras acabar su desayuno- dile a los chicos que hoy iremos a un sitio donde ponen buena música.

  • ¡Si! les encantará escucharte y pasar un rato contigo. Nos vamos en pocos días... me gustaría que tú y yo aprovecháramos mejor las vacaciones...- volvió a insinuarse- no he dormido en tu cama, en mi habitación hace mucho frío...

  • La verdad es que mi casa es muy fría, me gustaría volver a DORMIR contigo- ella esbozó una amplia sonrisa que amortiguó por momentos la pena de él.

  • No quiero volver a trabajar...- se deprimió de pronto ella.

  • ¡Va, anímate! El proyecto lo sacaremos adelante- la cocina estaba iluminada con una luz blanquecina que palidecía la cara de él. Eso dificultaba la credibilidad de su mensaje de ánimo: pero ella se esforzó por alegrarse por él.


Cuando él dio media vuelta, Leonor le dio una palmada en el culo. ¿Por qué tenía que sentirse Alberto mal? Laila le había dejado de repente y sin motivo aparente, no sabía nada de ella desde hacía vete a saber cuanto... había perdido la noción del tiempo. Sabía que estaba bien, rehaciendo su vida o al menos intentándolo... ¡con otro! Que no le hacía feliz, que simplemente era guapo pero que no le aportaba ni una cuarta parte de lo que él le había dado y daba. Y sin embargo... sentía que el hecho de que Leonor le tocara el culo o de que pensara en aquella fantástica mujer sexualmente era serle infiel. Tenía claro que sólo amaba a Laila pero ¿por qué tenía que castigarse así reprimiendo sus instintos con todas si ahora estaba solo? Le estaba doliendo su amor, y no podía odiar a Laila. Para colmo estaba dañando a una chica que le quería, le encantaría darle a Leonor lo que ella quería... Leonor era guapa y se entendían muy bien, era una chica que cualquier hombre desearía tener entre sus brazos, pero no le llenaba como lo había hecho Laila, Laila era tan... ¡Laila era única y nadie podía igualarla: si no estaba con ella no estaría con nadie! El problema era que Laila se había llevado su esencia, su vida, sus fuerzas, todo...


Los cinco se encontraron en la puerta de la casa al rato. Leonor llevaba un zumo recién hecho para Alberto. Marcos portaba una mochila cargada de cosas. Amanda contaba el dinero que le quedaba para poder gastar y Javier se había vestido con un chándal por primera vez en su vida.


  • ¿Preparados grumetes?- dijo guiñándoles un ojo Alberto.

  • Sí, pero bébete el zumo que te vendrá bien para el resfriado.- añadió Leonor.

  • Ay, déjale que ya es mayorcito- soltó socarrona Amanda. Todos sospechaban de una posible relación siendo tan amigos.


Uno por uno fueron saliendo de la casa, siendo el último Alberto con las llaves en la mano.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Laila

Voy a empezar a poner, de vez en cuando, esas historias que se me quedaron (acabadas e inacabadas) en el cajón. Habéis leído ya muchas cosas mías, pero entre historia e historia conocida quedaron miles de ideas y relatos desechados por no gustarme, falta de tiempo, tener de pronto una idea mejor... bajo la etiqueta 'el cajón' voy a sacarlas. Si veo que os gustan seguiré haciéndolo. Y quien sabe, tal vez un día me inspiren para hacer algo nuevo. Os presento el CAPÍTULO 1 de LAILA.


El escritorio estaba poco iluminado, siempre le había gustado, pese a su miopía, trabajar con poca luz. Escribía algo en un folio cuando escuchó los pasos de ella. Sin mover la cabeza miró hacia la ventana: ya no llovía. Siguió pensando en sus cosas ignorándola, entre otras cosas porque en esa postura tenía menos frío.

  • Ya se han ido.- avanzaba hacia la mesa timorata.

  • Ha estado muy bien la comida.- dijo sin volverse. A ella le daba la sensación de que por mucho que avanzara hacia él, seguía lejos.

  • Berto...- se atrevió una vez más.

  • ...- Alberto dejó la pluma sabedor de que le iba a decir. Pero ella no dijo nada, no encontraba las palabras.

  • ¡Estás bebiendo otra vez!- dijo de pronto al ver el vaso de whisky al lado de la pluma y cambiando de tema.- Berto...- se relajó apenadamente- quiero ayudarte, háblame, hay cosas que me gustaría... en fin que quiero conocerte mejor, me interesa tu pasado...

  • No quieras saber de mi vida, Leonor, no me hagas hablar... que si bebo es para olvidar... es mejor que te proteja de mi.

  • No digas tonterías... yo...- volvió a intentarlo de nuevo.

  • ¿Cómo puedo yo quererte bien, si soy mi propio enemigo?- sus ojeras marcaban su ya asumido sufrimiento.

  • No digas eso, te quiero y tú me quieres, podemos ser felices si...

  • Leonor... estoy muy bien contigo, te lo he dicho mil veces... y sí, puedo decir que te quiero sin mentir pero...

  • ¡¿Pero qué?!- dijo sabedora de la respuesta con una rabia que siempre contenía pena y nunca odio.

  • Nadie llega tan lejos si no es para seguir... -se arrodilló ante él cogiéndole la mano- deja de perseguir lo que huye de ti... la quisiste, la quisiste muchísimo... pero has de agotar ese amor por ella...

  • Leonor... he aprendido a arder, he aprendido a apagarme... he elegido el dolor cuando pude optar por la nada...- en la silenciosa y desgastada habitación se escuchó como ella tragaba saliva al oírle- yo hasta este lugar no pretendía llegar. Soy consciente de que la vida es parte buscar placer y parte hallar dolor. El dolor está calado en mis huesos...

  • Puedo ayudarte si crees que nunca se irá a sujetarlo, a llevarlo a veces. Estoy dispuesta a ello si no quieres luchar contra él. Entre dos pesa menos. Sé como piensas y aún así quiero estar contigo, tu amor es tan grande que aunque no me ames con todo tu corazón sentir que me quieres como lo haces me lo da todo...

  • No lo hagas más difícil, ya hemos hablado de esto, te aprecio muchísimo; nunca pensé que llegaría a sentir algo parecido otra vez por alguien: lo admito. Pero ella... no te mereces esto, ni me merezco que me trates tan bien. Soy un estúpido, lo sé, pero no cambiaré.

El pequeño foco de luz amarillo sobre el escritorio iluminaba toda la habitación de forma muy pobre. Alberto siempre estaba fatigado mentalmente, parecía sujetar sobre sus hombros el mundo. Era joven, pero parecía mucho más mayor debido a su ya canosa barba y a que sus palabras y movimientos destilaban sabiduría. Cualquiera que le viera diría que su mera existencia parecía un suplicio para él.

*¿Soy yo el que no ve o es que todavía no se hizo la luz?* pensó al verla tan hermosa y tan enamorada de él.

  • Berto... deja de pensar en mí, piensa en ti. ¿Me quieres? Pues ya está, soy yo la que libremente ha elegido estar contigo, acepto y asumo lo difícil que es tu vida y los problemas que, según tú, pueda acarrearme conocer todo. No quiero conocer a otro con el que me pueda ir todo de maravilla con más facilidad, quiero conocerte a ti. No me harás menos daño a la larga rechazándome.

  • Sabes que yo siempre opto por encogerme y tender así a desaparecer... hay algo que se retuerce y que no se detiene y que me obliga a repetirlo...

De pronto ella parece desistir. Se muestra desgastada por la situación. Parece que vaya a romper a llorar pero en el último momento su rostro cambia, frunce el ceño y se marcha dando un portazo. No durará demasiado su enfado, no quiere que Alberto cometa una locura por ella, por él ni por nadie... ¿quién sabe que pasa por su cabeza? Nunca se había visto suplicando, y menos con su carácter, pero es que Alberto es tan especial... es ÉL.

  • Ya no sé si con esta lluvia eterna no me habré acostumbrado a la humedad- susurra Alberto para sí mismo.

En el folio sobre la mesa pone de forma inacabada: “Te amo Laila... esto no puede ser llamado vida. Estoy destrozado y estoy destrozando a los pocos que aun me quieren. No puedo amar a nadie más. Puedo intentar seguir sobreviviendo sin muchas ganas, pero yo solo. Mi alma es un suburbio. Tú la llenaste. Eres la única la que puede”

*¿Dónde estás, Laila? ¿Por qué has hecho esto?* el folio es arrugado y arrojado a la papelera. Alberto abandona la habitación con tristeza.